Una flor bien curada puede aguantar meses en buen estado o estropearse en tres semanas. La diferencia casi nunca está en la calidad de partida, sino en dónde y cómo se guarda.
Los cuatro enemigos
Son siempre los mismos: la luz, el calor, el oxígeno y la humedad mal ajustada. Cada uno hace su parte. La luz ultravioleta degrada los cannabinoides. El calor evapora los terpenos, que es lo primero que notarás porque el aroma se apaga. El oxígeno oxida poco a poco. Y la humedad, si se va a un extremo o al otro, arruina el resultado por vías opuestas.
La humedad es el parámetro clave
El rango que se maneja habitualmente está entre el 55 % y el 62 % de humedad relativa dentro del recipiente.
- Por debajo del 50 % la flor se reseca. Se vuelve quebradiza, se deshace al tocarla y los tricomas se rompen con solo manipularla.
- Por encima del 65 % entras en terreno de moho. Es el riesgo serio: una flor enmohecida no se recupera y no se debe consumir.
Los sobres reguladores de humedad de dos vías mantienen ese rango sin que tengas que hacer nada. Son baratos y resuelven el problema de raíz.
El recipiente
Cristal con cierre hermético. Un tarro de conserva normal funciona perfectamente.
Lo que conviene evitar:
- Bolsas de plástico. Generan electricidad estática que arranca los tricomas, y además no cierran bien.
- Recipientes demasiado grandes. Mucho aire dentro es mucho oxígeno. Mejor un tarro lleno que uno a medias.
- Metal y plástico blando, que pueden transferir sabor.
Dónde ponerlo
En un sitio oscuro, fresco y estable: un armario o un cajón sirven. Lo importante es que la temperatura no suba y baje todo el rato, así que descarta la cocina, el alféizar de la ventana y cualquier sitio cerca de un radiador.
Y no, la nevera no es buena idea. Cada vez que sacas el tarro se condensa humedad dentro, que es justo lo que no quieres. El congelador tampoco: el frío extremo vuelve los tricomas quebradizos y se desprenden al mínimo roce.
Detalles que suman
- Muele solo lo que vayas a usar. Una vez molida, la superficie expuesta al aire se multiplica y el aroma se va rápido.
- Abre el tarro lo justo. Cada apertura renueva el oxígeno de dentro.
- Etiqueta con la fecha. Tres meses después ya no te acordarás.
- Guárdalo fuera del alcance de menores y de animales, en un sitio que cierre.
Cómo saber si ya no está bien
El olor es el primer aviso: si huele a heno o a poco, ha perdido terpenos. Si notas un olor a humedad o a sótano, o ves polvo blanco grisáceo en la superficie, no lo consumas. El moho no siempre se ve a simple vista, y ante la duda lo razonable es descartarlo.
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